American Splendor
Autor: Chernabog

Dirección: Shari Springer Berman y Robert Pulcini.
País: USA.
Año: 2003.
Duración: 101 min.
Género: Comedia dramática.
Interpretación: Paul Giamatti (Harvey Pekar), Hope Davis (Joyce Brabner), Madylin Sweeten (Danielle Batone), Harvey Pekar (Harvey real), Joyce Brabner (Joyce real), Daniel Tay (Harvey joven), James Urbaniak (Robert Crumb), Judah Friedlander (Toby Radloff), Robert Pulcini (Bob), Larry Jones Myers (Doctor).
Guión: Shari Springer y Robert Pulcini; basado en los cómics de Harvey Pekar y Joyce Brabner.
Producción: Ted Hope.
Música: Mark Suozzo.
Fotografía: Terry Stacey.
Montaje: Robert Pulcini.
Diseño de producción: Thérèse DePrez.
Vestuario: Michael Wilkinson.
¿Qué tiene de interesante la vida cotidiana? Podríamos, como espectadores, como lectores, plantearnos si los espectáculos o si el arte humano cumplen con su función de entretenimiento, de evasión, de una realidad que podríamos entender como demasiado pesada para sobrellevarla todo el tiempo.
A la inversa, siempre ha existido una cierta propensión a pensar en el acto creativo humano como la necesidad de crear algo nuevo a pura fuerza de intelecto. Porque, ¿Qué puede tener de interesante la anodina vida de un individuo para los demás?
Harvey Peckar, fallecido recientemente por una sobredosis accidental de antidepresivos tras habérsele detectado cáncer por tercera vez, era un tipo anodinamente peculiar. Funcionario que trabajo toda su vida como archivista de un hospital de veteranos, melómano coleccionista musical con cierto trastorno obsesivo compulsivo, su vida no era nada demasiado importante ni interesante. Y sin embargo…
A instancias de un amigo que había recogido ya cierta fama en el mundo del cómic underground, Robert Crumb, Peckar decidió que podía contar aquello que le pasaba a él y a su entorno como una manera válida de narrar. Recoger sin ataduras, ni excusas, ni máscaras la narrativa de lo cotidiano y convertirlo (en su caso) en un cómic. Así surgió American Splendor, cuyo título es la síntesis perfecta: el esplendor (o no) de unos EEUU vistos a través del pesimismo más voraz, del derrotismo, del cinismo y de la irascible mirada peculiar de alguien sin interés que rechaza comprender la sociedad que habita.
Famoso se hizo en el mundillo del cómic underground, cosa que le supuso de una cierta fama, para llegar incluso a realizar una obra de teatro y el filme que nos ocupa. Dada su vocación autoreferente (el mismo Peckar realizó un cómic sobre su año con el filme que nos ocupa), se tomó la sabia decisión de jugar con ella en el filme. Para ello, no sólo se nos cuenta la vida de Peckar, sino que está narrada por él mismo y sale recurrentemente durante el desarrollo. En cambio, al igual que diferentes dibujantes han recreado a Peckar, en este caso un, como casi siempre, excelente Paul Giamatti será también su alter ego del filme.
De este modo el mismo Peckar narrando y Giamatti, como su “dibujante”, su representante en la pantalla, se harán cargo de contar la historia de su vida y su inmersión en el mundo del cómic. Toca zambullirse en el microcosmos particular del narrador y conocer sus desventuras, sus rupturas, sus filias, sus amigos, sus compañeros de trabajo.
Es en ese ambiente donde podemos vislumbrar el absoluto encanto de sus personajes disfuncionales. El rígido y conspiranoico compañero de trabajo, el encantador y orgulloso freak (copiado literalmente por Judah Friedlander) o su amigo Robert Crumb se nos muestran a través de hábiles y discretos trazos de los que intuimos un riquísimo background.
Resulta sorprendente cómo los actores hacen suyos a los personajes. Giamatti se apodera de Peckar haciéndolo suyo sin tener que ser igual que él, amén de una impecable Hope Davis en el papel de la tercera y definitiva esposa de Peckar, Joyce Brabner, un elemento casi tan extraño como él. Peckar la califica como el niño de portada del DSMIII (catálogo oficial de las enfermedades mentales reconocidas como tales, en la actualidad la válida es la revisión DSMIV), una neurótica depresiva con un historial de manual que parecería condenada a dar otra vuelta de tuerca en la depresiva existencia de Peckar.
Y sin embargo, es curioso como se encuentran dos barcos a la deriva, con el timón ajado y la arboladura rota y se complementan encontrando algo que los une entre la desesperanza de sentirse solos y una bajísima expectativa. Pese a todos los handicaps posibles, complementarse en las neurosis, en los episodios de pánico nocturno, en las depresiones, en las desavenencias y cuando realmente se necesita el apoyo incondicional del otro pasando un esquivo linfoma.
De la conjunción de Davis y Giamatti gana la película. Sus escenas juntos son impecables, y se complementan en sus papeles como las neurosis de sus personajes. Su primer encuentro es simplemente espléndido y muy divertido, así como deambular fugazmente entre sus crisis de pareja, tan normales y tan extrañas de una pareja casi disfuncional
Porque los personajes destilan encanto y se nos muestran espléndidos retazos de sus mediocres vidas. Quizás el filme, como los comics sean esa reivindicación de lo interesante que puede existir en cada uno de nosotros. Depende de nuestra mirada encontrar lo bello en lo absurdo de este mundo. Y al jugar en el filme con mezclar a los personajes reales junto a sus alter egos ficticios nos muestra también esa traslación de la representación a lo real. Revindica la necesidad de mostrar a esos personajes anónimos y descubrir su encanto.
Ello ya resulta determinante desde la primera escena de la película. En ella, 4 niños vestidos como Superman, Batman, Robin, Linterna Verde están junto a otro niño delante de una casa. Parece ser Halloween, y la mujer que sale de la casa con caramelos parece repasar los nombres de los superhéroes disfrazados. Al llegar al último chico, le pregunta algo así como qué superhéroe es. El chico, incomodo, dice que es Harvey Peckar y la mujer se queda extrañada, intentando identificar lo extraordinario del nombre. El niño, acaba por marcharse sin sus chucherías, un poco avergonzado del episodio.
La película puede entenderse como eso, cambiar el punto de vista sobre los comics y encontrar al héroe de la viñeta en el proscrito, en el apartado. Como un mutante de la famosa Patrulla X pero sin los poderes que le hacen peligroso o relevante. Es invisible para la relevancia social, otro más. Y quizás en ello resida su encanto, en su mirada.